Recuerdo el primer día que lo conocí con pelos y señales. Pensé "es como si lo conociera de toda la vida", y apenas llevábamos juntos cinco minutos. Nunca había estado tan cómoda con nadie. Llegaron los primeros roces, las primeras sonrisas, las primeras miradas, la primera vez que lo agarré y no quise soltarlo. ¿Lo curioso? Aún sigo en todo eso.
Sigo buscando el roce de su mano al caminar;
sigo sonriendo cada vez que él sonríe;
sigo mirándole esperando encontrarme con su mirada;
sigo agarrada a él sin querer soltarlo jamás.
Cómo nos encantó siempre fantasear con un futuro juntos y cómo sonrío ahora sabiendo que estamos viviéndolo y que nuestras fantasías de ahora son lo que nos queda por vivir.
Me encanta cuando dice que soy el amor de su vida porque él para mí no es solo eso, sino mi vida entera y no hay cosa que me haga más feliz.
Al final cada paso que doy siempre se resume en él.
Él llegó, poco a poco fue cumpliendo mis sueños y me fue dando otros nuevos. Pero hay un secreto que nadie sabe.. él es mi sueño, el que él mismo hace realidad cada día. Por eso desde el principio pareció que le conociera de toda la vida: porque toda ella me la había pasado soñando con encontrarlo.
Despiértame cada mañana, pero no me despiertes de esta vida.
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