Solo sé que me pregunté qué estarías haciendo tú por ahí.
Si tal vez estabas igual de perdido que yo,
o si tal vez querías perderte.
Pero nos encontramos: me encontraste.
Ahora tratas de derribar mis muros con tus manos
y de ahuyentar los monstruos que los custodian.
Mis monstruos.
No me has dicho si te dan tanto miedo como a mí los tuyos,
pero hemos ido igualmente a la guerra.
La guerra contra el pasado,
contra las despedidas,
contra los complejos,
contra los "te quiero" que no volvimos a oír
y contra las sensaciones que nos olvidamos de sentir.
Y yo solo sé que esta vez no tengo miedo a morir,
porque mi trinchera son tus brazos
y porque llevo la bandera blanca.
Y aunque no recuerdo qué fue lo primero que supe de ti,
quiero saber hasta lo último.
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